Saki

Saki

Saki fue pulido. No educado, no entrenado — pulido. En el Templo del Arroz de Cristal, donde la perfección no es un destino sino una práctica diaria, cada espíritu pasa por un proceso de refinamiento tan exhaustivo que bordea lo filosófico. Los bordes rugosos se alisan. Las impurezas se eliminan. Lo que queda es algo tan limpio, tan claro, tan precisamente sí mismo que casi duele mirarlo. La mayoría de los espíritus se rebelan contra este proceso. Saki lo abrazó con el fervor de un converso. "Cada cosa innecesaria que llevas", dan lección, ajustando un arreglo floral por trigésima séptima vez,